José David Ros (SEOM Rehabiltadores): La rehabilitación necesita estabilidad financiera y empresas capaces de escalar desde la tecnología

4 marzo, 2026 | Noticias

¿Sabías que el 60 % de los edificios en nuestro territorio supera los cincuenta años? Un dato que no señala un fracaso; sino el simple paso del tiempo sobre un parque residencial que cumplió con solvencia su función durante décadas.

La rehabilitación representa ya cerca del 24 % de la actividad de la construcción en Euskadi. La cifra nos habla de un proceso de actualización colectiva. Los hogares vascos demandan espacios más eficientes y saludables; las instituciones orientan sus políticas hacia la reducción de emisiones y la accesibilidad universal; y las empresas han refinado su capacidad técnica para intervenir en edificios complejos sin interrumpir el pulso cotidiano de quienes los habitan.

En este contexto, empresas como SEOM Rehabilitadores han adquirido un papel clave. Con más de 600 intervenciones y 15 años de trayectoria, su trabajo refleja un cambio decisivo: la rehabilitación ya no es una actuación puntual, sino un proceso técnico y social con impacto urbano. Intervenir en un edificio hoy implica entender su historia, su estructura y su relación con el entorno.

Para conocer mejor los retos y oportunidades del sector, hablamos con Jose David Ros, gerente de nuestra empresa socia SEOM Rehabilitadores.

Euskadi cuenta con uno de los parques edificatorios más envejecidos del Estado. ¿Cómo afecta esta realidad al tipo de rehabilitación que se está demandando hoy y a la que necesitaremos en los próximos años?

La rehabilitación se ha convertido en una herramienta clave para incorporar nueva vivienda al mercado de forma ágil. Ya no hablamos de reparaciones puntuales, sino de intervenciones profundas y ambiciosas que permitan que nuestros edificios mantengan o mejoren sus condiciones de habitabilidad durante las próximas décadas.
La edad del parque residencial exige adaptar los inmuebles a nuevas normativas y a las demandas actuales de los usuarios, un reto mayúsculo en un contexto en el que también debemos combatir el deterioro natural de los elementos constructivos.
Todo esto requiere empresas cada vez más preparadas, con una visión técnica y estratégica a largo plazo. En rehabilitación no trabajamos con la mirada puesta en el corto plazo: debemos pensar en décadas.

La rehabilitación representa ya cerca del 24 % de la actividad de la construcción en Euskadi. Desde tu perspectiva, ¿qué factores explican este peso específico y qué palancas podrían acelerar aún más su crecimiento?

La obra nueva atraviesa uno de sus momentos más bajos, mientras que el número de hogares sigue creciendo a gran velocidad.

En este escenario, cuando una familia necesita un nuevo hogar ya no acude al mercado de vivienda nueva, sino que opta por rehabilitar, adaptar y mejorar las viviendas existentes. Somos, en ese sentido, la primera línea de respuesta.
Con estabilidad normativa y un sistema de incentivos fiable, podríamos acelerar aún más la transformación del parque edificatorio. La rehabilitación es hoy más necesaria que nunca y necesita, también más que nunca, el apoyo coordinado de los agentes sociales y económicos.

El sector de la rehabilitación puede convertirse en un auténtico motor reindustrializador para Euskadi.


Sin ese marco estable, el crecimiento continuará, pero de manera desordenada, sin generar el impacto positivo que un sector sólido debería devolver al tejido social y productivo.
La elevada demanda constituye, al mismo tiempo, un reto y una gran oportunidad. Si sabemos gestionarla apoyándonos en la industria local, el sector de la rehabilitación puede convertirse en un auténtico motor reindustrializador para Euskadi.

Más allá de las obligaciones normativas, ¿cuál dirías que es hoy el nivel de conciencia ciudadana sobre la importancia de rehabilitar? ¿Se perciben el confort, la accesibilidad o la revalorización como razones de peso reales para intervenir?

Cada vez vemos un cliente más informado y con conceptos bien asentados. La ciudadanía entiende mejor que mantener y mejorar su vivienda repercute directamente en su bienestar y también en el valor de la propiedad. En ese sentido, soy optimista: se ha producido un claro cambio de mentalidad.

La ciudadanía entiende mejor que mantener y mejorar su vivienda repercute directamente en su bienestar y también en el valor de la propiedad

Sin embargo, aunque la conciencia sobre la importancia de rehabilitar ha avanzado mucho, el entorno sigue presentando barreras que frenan la demanda. Hablamos de dificultades económicas, trámites complejos o incertidumbres que, aun con una mayor voluntad de intervenir, condicionan la decisión final de muchas familias.

Desde tu experiencia al frente de SEOM Rehabilitadores, ¿cuáles son las principales barreras que siguen encontrando las comunidades para rehabilitar y qué soluciones consideras clave para facilitar este proceso en Euskadi?

La principal barrera sigue siendo económica. El sector de la rehabilitación no es ajeno a la inflación que afecta a materiales y suministros, mientras que los salarios no crecen al mismo ritmo. Esto deriva en un cliente con menor poder adquisitivo y menos renta disponible, lo que dificulta afrontar intervenciones de cierta envergadura.

En este contexto, resulta esencial planificar la rehabilitación a largo plazo, generando operaciones previsibles y que no provoquen una tensión excesiva en la planificación financiera de los vecinos. La anticipación es clave para que las comunidades puedan tomar decisiones con mayor seguridad.

El sector necesita avanzar hacia un modelo diferente: analizar previamente los edificios, monitorizarlos y estimar sus necesidades de rehabilitación de forma estructurada y a largo plazo.

También es importante superar la dependencia de subvenciones o ayudas, que en muchos casos acaban cronificándose y condicionan el ritmo de intervención. El sector necesita avanzar hacia un modelo diferente: analizar previamente los edificios, monitorizarlos y estimar sus necesidades de rehabilitación de forma estructurada y a largo plazo.

Desde SEOM estamos trabajando activamente con BUILD:INN, en colaboración con diferentes entidades, para impulsar precisamente ese cambio de modelo. Ese es el camino: pasar de intervenciones reactivas a una rehabilitación planificada, sostenible y estratégica.

Mirando a medio plazo, ¿qué elementos crees que serán determinantes para que la rehabilitación dé el salto definitivo en Euskadi: industrialización, colaboración público-privada, digitalización, mejora en la financiación?

El verdadero punto de inflexión puede venir, por un lado, de un cambio de modelo financiero que proporcione un soporte estable y previsible para el mantenimiento y la mejora del parque edificatorio. Disponer de mecanismos de financiación sólidos permitirá planificar de forma ordenada, facilitar la toma de decisiones y reducir la incertidumbre de las comunidades.

En paralelo, será imprescindible apostar por empresas plenamente digitalizadas, capaces de crecer apoyándose en la tecnología, la productividad y la innovación, y que a la vez mantengan un vínculo fuerte con el tejido industrial de Euskadi. Esa combinación —raíz local y visión tecnológica— será clave para que el sector gane eficiencia sin perder su carácter especializado.

La rehabilitación sigue siendo, en esencia, un trabajo artesanal, donde la digitalización y la industrialización pueden avanzar, pero siempre dentro de una escala reducida y adaptada a cada edificio. No hablamos de grandes producciones seriadas: en muchos casos, la fabricación y la solución son prácticamente a medida. Esa singularidad es una fortaleza si sabemos gestionarla con inteligencia tecnológica.

Hoy tenemos delante una gran oportunidad. Si colaboramos entre empresas, instituciones y ciudadanía; si alineamos incentivos y capacidades; y si aprovechamos el conocimiento existente, podremos no solo mejorar nuestros edificios, sino también mejorar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto.