BUILD:INN culmina el proyecto ELEVATE, una iniciativa que ha analizado el potencial de los exoesqueletos y cobots para reducir la carga física en determinadas tareas constructivas y contribuir a generar entornos de trabajo más seguros, saludables e inclusivos.
La transformación de la construcción no pasa únicamente por digitalizar los procesos o industrializar la producción. También implica transformar la forma en la que las personas trabajan en el sector.
Con esta premisa nace ELEVATE, un proyecto impulsado por BUILD:INN y financiado por el Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia, que ha estudiado cómo determinadas tecnologías de asistencia pueden contribuir a mejorar las condiciones ergonómicas del trabajo en construcción y, al mismo tiempo, favorecer un sector más accesible para perfiles diversos.
El proyecto da continuidad al trabajo desarrollado previamente por BUILD:INN en materia de igualdad y atracción de talento femenino, abordando una cuestión especialmente relevante: las exigencias físicas de determinadas tareas pueden constituir una barrera de acceso y permanencia en un sector históricamente masculinizado.
Del diagnóstico a la experimentación en obra
ELEVATE se ha desarrollado a través de diferentes fases, combinando análisis técnico, vigilancia tecnológica y experimentación práctica.
En una primera fase se analizaron diferentes procesos y oficios de la construcción para identificar aquellas actividades con una mayor exigencia ergonómica y exposición a sobreesfuerzos, prestando especial atención a procesos como la ferralla, albañilería, solados y alicatados, rehabilitación, canalizaciones y zanjas o determinadas operaciones con maquinaria.
Este análisis permitió identificar factores como la manipulación de cargas, las posturas forzadas, el trabajo con brazos elevados, los movimientos repetitivos o las tareas mantenidas durante periodos prolongados como elementos relevantes a la hora de evaluar la carga física de los puestos.
A partir de este diagnóstico se realizó un benchmarking de soluciones tecnológicas, analizando diferentes alternativas existentes en el mercado, entre ellas exoesqueletos y soluciones de asistencia y robótica colaborativa.
El objetivo no era únicamente identificar qué tecnologías existen, sino responder a una pregunta más concreta: ¿en qué tareas pueden aportar realmente valor y bajo qué condiciones podrían integrarse en el trabajo cotidiano de una obra?
La innovación se puso a prueba en condiciones reales
Uno de los elementos diferenciales de ELEVATE ha sido trasladar el análisis del ámbito teórico a la práctica.
Para ello, BUILD:INN diseñó un protocolo estandarizado de prueba piloto que permite comparar una misma tarea realizada sin asistencia tecnológica y posteriormente con asistencia, incorporando variables físicas, ergonómicas, operativas y subjetivas. El protocolo contempla aspectos como la fatiga, el esfuerzo percibido, las posturas forzadas, las molestias corporales, la comodidad, la seguridad, la aceptación, la adaptabilidad antropométrica y la compatibilidad con el trabajo real.
Las pruebas permitieron evaluar diferentes soluciones de asistencia en tareas concretas, incluyendo exoesqueletos HILTI EXO-S y EXO-T-22 y un cobot de atornillado, contando tanto con participantes hombres como mujeres.
Además, el proyecto incorporó una dimensión especialmente relevante: no evaluar únicamente si la tecnología reduce una determinada carga física, sino también cómo se comporta cuando se introduce en el contexto real de trabajo.
La jornada piloto permitió precisamente comprobarlo en obra, con la colaboración de Obras Especiales, Hilti, ASCOBI y CDI Consultants. La experiencia permitió observar las tecnologías directamente en tareas constructivas y recoger información técnica y operativa sobre su utilización en condiciones reales.

Los resultados: no existe una solución tecnológica universal
Una de las principales conclusiones de ELEVATE es precisamente que el valor de un exoesqueleto o un cobot depende de la tarea, del dispositivo y de la persona que lo utiliza.
Las pruebas muestran comportamientos diferentes. En algunas tareas se observaron mejoras relevantes en indicadores ergonómicos y de fatiga. Por ejemplo, en una de las pruebas con asistencia tecnológica se registró una reducción del 68,2 % del tiempo en postura forzada y una mejora del 23,1 % en la fatiga percibida, junto con niveles de aceptación tecnológica superiores al 70 %. El resultado global de esa prueba fue considerado parcialmente favorable y se señaló la necesidad de realizar más pruebas antes de plantear una implantación a mayor escala.
En otras pruebas, sin embargo, los resultados fueron diferentes. Se detectaron incrementos de fatiga, limitaciones de movilidad, problemas de comodidad o una aceptación insuficiente. En una de las pruebas con exoesqueleto, por ejemplo, la fatiga aumentó y la comodidad y percepción de seguridad fueron bajas, dando lugar a un resultado global desfavorable para esa tarea concreta.
También se observaron diferencias importantes entre tecnologías y tareas. En determinadas aplicaciones de asistencia para trabajos repetitivos se registraron mejoras en la fatiga y en las posturas forzadas, junto con una valoración positiva de la aceptación y de la viabilidad organizativa. En estos casos, el potencial de implantación aparece condicionado, entre otros factores, por la necesidad de formación, ajuste, adaptación al puesto y volumen suficiente de utilización.
Estos resultados son especialmente relevantes porque muestran que la incorporación de tecnología no debe plantearse como una solución genérica para reducir la exigencia física de la construcción. La evaluación debe realizarse tarea por tarea, considerando simultáneamente los factores ergonómicos, operativos, económicos y humanos.
Tecnología e igualdad: una relación que va más allá de la incorporación de mujeres
ELEVATE parte de una cuestión de igualdad, pero sus resultados apuntan hacia una reflexión más amplia.
La reducción de determinadas barreras físicas puede contribuir a hacer más accesibles algunos puestos de trabajo a perfiles que actualmente están menos presentes en determinadas actividades del sector. Sin embargo, la tecnología por sí sola no garantiza una mayor incorporación de mujeres.
Para que pueda convertirse realmente en una herramienta de inclusión, debe estar acompañada de condiciones adecuadas de uso, formación, adaptación antropométrica, aceptación por parte de las personas trabajadoras y una integración coherente en la organización del trabajo.
Las propias pruebas mostraron que factores como la talla, el ajuste, la comodidad o la libertad de movimiento pueden condicionar la percepción del potencial inclusivo de estas soluciones. Por ello, ELEVATE incorpora la perspectiva de género dentro de una evaluación más amplia de las condiciones reales de trabajo.
En este sentido, el proyecto refuerza una idea que BUILD:INN ya viene trabajando en sus iniciativas de igualdad: atraer más mujeres a la construcción no consiste únicamente en cambiar la percepción del sector, sino también en transformar las condiciones que encuentran las personas cuando acceden a él.
De la experimentación a la implantación
ELEVATE no finaliza con la prueba de los dispositivos. Una parte fundamental del proyecto ha sido analizar qué tendría que ocurrir para que una solución tecnológica pueda pasar de una experiencia piloto a una implantación real.
Para ello se han considerado variables como la compatibilidad con las tareas y los equipos de protección individual, la facilidad de uso y ajuste, la aceptación de las personas trabajadoras, la integración en los procedimientos de trabajo, la formación necesaria, el mantenimiento, la escalabilidad y la viabilidad económica.
El resultado es una metodología que permite tomar decisiones de implantación basadas en evidencias y no únicamente en las expectativas asociadas a una determinada tecnología.
Una construcción más tecnológica, segura y centrada en las personas
El principal aprendizaje de ELEVATE es que la innovación tecnológica tiene sentido cuando responde a necesidades reales del sector.
Los exoesqueletos y cobots muestran potencial para reducir determinadas cargas físicas y mejorar algunas condiciones ergonómicas, pero los resultados también evidencian sus limitaciones actuales. Su utilización debe estar vinculada a tareas concretas, contar con una adecuada adaptación al puesto y a la persona y evaluarse antes de plantear una implantación generalizada.
Por ello, ELEVATE deja como resultado no solo el conocimiento generado sobre diferentes soluciones tecnológicas, sino también una metodología de evaluación replicable para futuras pruebas y procesos de innovación en construcción. El protocolo desarrollado permite analizar de forma estructurada variables físicas, ergonómicas, operativas, organizativas y subjetivas y generar evidencia para la toma de decisiones.
La conclusión no es, por tanto, que exista una tecnología capaz de resolver por sí sola las barreras físicas de la construcción. La conclusión es más útil: la tecnología puede formar parte de la solución, siempre que se seleccione, pruebe y adapte a las necesidades reales de las personas y de los procesos constructivos.
Porque transformar la construcción también significa transformar la experiencia de quienes trabajan en ella.
ELEVATE demuestra que innovación, ergonomía e igualdad pueden abordarse conjuntamente para avanzar hacia un sector más seguro, accesible y preparado para atraer y retener nuevo talento.
